Lourdes Martí

Mi trabajo es el resultado de años de búsqueda personal.

Con 10 años, el día de San Jordi, me compré mi primer libro de yoga, era un libro de yoga para niños, y empecé mi camino como practicante de hatha yoga y meditación en mi habitación. Probablemente, el hecho de que mi padre tuviera artritis reumatoide tuvo mucho que ver en ello.

A los 19 años, los nervios para sacarme el carné de conducir me llevaron a recibir sesiones de reflexología podal, shiatsu y digitopuntura. Esas sesiones me cambiaron la vida, ¡dejé de estar histérica!

Además descubrí un mundo apasionante de la mano de mi terapeuta; me pasaba las sesiones preguntando y pidiendo más información, así que comenzó a dejarme libros.
Después, llegaron las clases de hatha yoga, la meditación, el tai-chi, el zen… cada cosa en el momento oportuno y mostrándome cosas sobre mi, sobre mi cuerpo, sobre el mundo.
Acabé trabajando como profesora de yoga* y, después de unos cuantos años (a partir del 2006) decidí centrar mi dedicación en la técnica del Movimiento Integral, que, en realidad, no es una técnica, sino una forma de hacer terapia a través del cuerpo y del movimiento integrando un montón de técnicas.

*Hatha Ioga para adultos en el barrio de Sants, en los centros cívicos Maria Aurèlia Capmany y Can Palet de Tarrassa y, en Naturàpia, en el barrio de Gracia. Yoga para madres/padres y niños en las Escuelas Pias y en el barrio de Sant Martí de Barcelona.

Agradecimientos

Quiero dar las gracias a Mª Dolors Carreras, una gran mujer y terapeuta, a Pepe Pérez Calvo, por dejarme su local para empezar a trabajar, a Gloria Martínez, por ser mi terapeuta y por decidirse a formar profesionales de Movimiento Integral. A la escuela de yoga Shanti de Barcelona, a Margarita, mi profesora de Tai chi, a Silvia Dalmau, que vio en mi a una profesora de yoga. A Lia Massuet por abrirme ventanas a través de su amistad. A Jordi Monròs por grabar mi voz y permitir así que mucha gente se relaje. A Cristina Argilés, por conectarme con mis iguales a través de la Pachamama. A Núria Corominas, la primera que pensó antes que yo que podía dar un taller de terapias alternativas y relajación. A Manel Gonell, que me confió a sus alumnos y a sus amigos. A mi estimada Anna Eketi, de Naturapia, a Joan Balansó, de Habaluc.

Y a todos, absolutamente todos los que son o han sido mis alumnos en algún momento. De todos aprendí.